La historia del spot se basa en dos guardias de países vecinos y enemigos, que se encuentran vigilando sus respectivas naciones en la frontera que los separa. Se puede observar el aire de patriotismo que se respira en ambos, así como sus intentos de aires de superioridad a la hora de realizar su trabajo, con pequeños guiños de ironía y exageración. Pero todo cambia cuando uno de ellos abre una botella de Coca Cola. El otro lo mira desconcertado, con cara de lástima y de esperanza, esperando ver la reacción de su enemigo. Cuando el guardia que bebe el refresco se percata le ofrece otra Coca Cola sin pensarlo dos veces.
A través del humor y de la emoción de compartir entre "supuestos enemigos", la marca transmite ese aire de felicidad y esperanza que nos hace sonreír cuando vemos alguna de las comunicaciones tan especiales, muy propias de Coca Cola.
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